El valle de Campan ha sabido desarrollarse armoniosamente preservando su autenticidad. Más que en cualquier otro lugar, en el valle de Campan el hombre comulga con la naturaleza. Es una tierra de tradiciones, donde el habitante vive al ritmo del pastoralismo. Los pinos centenarios del puerto de Aspin y de Payolle, las hayas del bosque de Lesponne, las riberas umbrías del Adour que en este espacio no son más que un torrente, las landas de Palomiéres y su panorama subyugador y los macizos de Leyris y de Bassia colonizados por los enebros son remansos de paz y tranquilidad. 

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